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El impacto de las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión

El impacto de las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (en adelante DEI) formuladas en Estados Unidos ha comenzado a dejar una huella significativa en Europa, tanto en instituciones académicas como en empresas multinacionales, organismos públicos y estructuras de gobernanza. El modelo estadounidense de DEI, caracterizado por una fuerte institucionalización, sistemas de rendición de cuentas y una narrativa centrada en la justicia racial e histórica, ha sido parcialmente trasplantado al contexto europeo, generando efectos tanto transformadores como conflictivos.

A partir de la década de 2010, con el auge de movimientos sociales como Black Lives Matter y el renovado énfasis en la justicia racial en los campus universitarios norteamericanos, muchas universidades e instituciones culturales en Europa comenzaron a adoptar marcos similares. Esta importación se ha producido tanto a través de la circulación de élites académicas como por la presencia dominante de publicaciones científicas anglosajonas que marcan la agenda global del conocimiento (Ahmed, 2012). La influencia de políticas DEI estadounidenses se observa en la creciente contratación de «Chief Diversity Officers», la implementación de capacitaciones obligatorias en «bias awareness» y la adopción de cuotas étnicas en procesos de selección y representación institucional (Dobbin & Kalev, 2020).

Sin embargo, el trasplante del marco DEI estadounidense al contexto europeo no ha sido directo ni exento de tensiones. A diferencia de Estados Unidos, donde la raza como categoría social tiene una función central en la estructuración de la identidad política, muchos países europeos –particularmente Francia y Alemania– tienen una tradición legal y filosófica que rechaza explícitamente el uso de categorías raciales o étnicas en las políticas públicas (Simon, 2012). Esto genera una contradicción inherente: mientras las políticas DEI buscan visibilizar y compensar desigualdades estructurales racializadas, los marcos normativos europeos a menudo están diseñados para ser «cegos al color», lo que complica su implementación efectiva (Guerisoli, 2022).

Asimismo, la recepción de políticas DEI en Europa también está mediada por diferencias históricas y culturales profundas. Mientras que en Estados Unidos el discurso de la diversidad se ha entrelazado con la narrativa de la redención nacional post-segregación, en Europa el pasado colonial y las formas actuales de islamofobia y discriminación contra comunidades romaníes o migrantes no han sido integradas de manera coherente en el discurso institucional (El-Tayeb, 2011). Como consecuencia, muchas iniciativas DEI en Europa corren el riesgo de replicar una estética de la inclusión sin transformar las estructuras materiales de exclusión.

En el ámbito corporativo, empresas europeas con sedes en Estados Unidos han importado marcos DEI que enfatizan la medición de métricas de diversidad, objetivos de representación y prácticas de «diversity marketing». Sin embargo, la eficacia de estas políticas ha sido cuestionada, no solo por su reducida capacidad de transformación interna, sino también por el riesgo de generar una reacción contraria o «backlash», como ha sido documentado en estudios empíricos sobre resistencias en el lugar de trabajo (Köllen, 2021). Esta tensión revela una de las paradojas del modelo DEI: su institucionalización puede generar resistencia cuando no va acompañada de una transformación cultural real.

En términos académicos, la crítica a la «colonización epistémica» del modelo DEI estadounidense ha sido cada vez más frecuente en la literatura europea. Autoras como Sara Ahmed han señalado que muchas instituciones adoptan un lenguaje de inclusión mientras perpetúan estructuras excluyentes en sus prácticas cotidianas, generando lo que ella llama «diversity work as institutional non-performativity» (Ahmed, 2012). Este fenómeno es particularmente agudo en universidades que adoptan políticas DEI sin reconocer las dinámicas propias de exclusión local, resultando en una paradoja donde la adopción del lenguaje de la inclusión sirve para encubrir la exclusión sistemática.

En conclusión, aunque las políticas de DEI originadas en Estados Unidos han tenido un efecto catalizador en Europa, su implementación presenta límites estructurales, políticos y culturales. La traducción de este marco requiere no una adopción mimética, sino una reconfiguración contextualizada que considere las especificidades históricas y legales de cada país europeo. De lo contrario, el riesgo es que la retórica de la inclusión se convierta en un dispositivo simbólico que más que transformar las desigualdades, las legitime bajo una nueva gramática.

Bibliografía

Ahmed, S. (2012). On Being Included: Racism and Diversity in Institutional Life. Durham: Duke University Press.

Dobbin, F., & Kalev, A. (2020). Why Diversity Programs Fail and What Works Better. Harvard Business Review, 94(7), 52–60. https://hbr.org/2016/07/why-diversity-programs-fail 

El-Tayeb, F. (2011). European Others: Queering Ethnicity in Postnational Europe. Minneapolis: University of Minnesota Press.

Köllen, T. (2019). Diversity Management: A Critical Review and Agenda for the Future. Journal of Management Inquiry30(3), 259-272. https://doi.org/10.1177/1056492619868025  

Guerisoli, E. (2022). Why race still matters. Alana Lentin. Cambridge, UK: Polity Press, 2020. Constellations, 29(2), 263–265. https://doi.org/10.1111/1467-8675.12608

Simon, P. (2012). Collecting Ethnic Statistics in Europe: A Review. Ethnic and Racial Studies, 35(8), 1366–1391. https://doi.org/10.1080/01419870.2011.607507