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Hablamos con Elena Garrigues

Multifacética y de trayectoria global, Elena Garrigues es una ejecutiva de alta dirección que comenzó su carrera como periodista (corresponsal en Bruselas de Cambio 16 y Diario 16) para pasar luego a servicios financieros (en Chase Manhattan Bank y JPMorgan Chase). En Nueva York, dirigió una galería de arte de Old Masters. También ha trabajado en temas de responsabilidad social corporativa, comunicación e innovación (en el despacho Garrigues).  Actualmente trabaja como consultora en el campo de servicios legales y es patrono en tres fundaciones, de emprendimiento inclusivo (Nantik Lum), derechos humanos (RFK Human Rights España) y ayuda a niños y adolescentes (ANAR). Elena es, además, una reconocida fotógrafa. Su trayectoria profesional es fundamentalmente internacional, al haber trabajo casi veinte años fuera de España, dos de ellos en Bruselas, tres en Londres y doce en Nueva York. Para terminar, Elena es un buen ejemplo de profesional conectora entre culturas y stakeholders, centrada en la excelencia como filosofía.  En esta entrevista, Elena Garrigues comparte sus experiencias personales y profesionales relacionadas con la gestión de equipos diversos.

Los retos de Elena Garrigues en la gestión de equipos multiculturales

Uno de los momentos clave en su carrera fue cuando asumió la gestión de un equipo diverso de 12 personas en el departamento de comunicación de JPMorgan Chase. Este equipo estaba compuesto por individuos de diferentes creencias religiosas, edades, etnias y orientaciones sexuales, lo que en algunos momentos causó tensiones y desafíos que ella tuvo que afrontar de manera directa. La crisis comenzó cuando una pregunta aparentemente inocente a una compañera judía, que estaba a punto de casarse con un novio católico, desencadenó una reacción inesperada. Durante una comida grupal, Elena le preguntó a la chica en qué religión educaría a sus hijos. La joven, visiblemente incómoda, le contestó que no le había dado permiso para hacerle una pregunta tan personal, se levantó y se fue. Pocos minutos después, recibió un mensaje de Recursos Humanos solicitándole una conversación.

La charla con RRHH resultó ser una experiencia transformadora para Elena. No solo le hicieron saber que ya había habido quejas sobre su forma de gestionar el equipo, sino que también descubrió que su comportamiento había sido percibido como discriminatorio. En particular, una mujer de su misma edad había expresado que Elena prestaba más atención a los miembros más jóvenes del equipo, dejando de lado a las personas mayores. Elena asumió que tenía razón y, tras disculparse públicamente con ambas personas, organizó una sesión abierta para que el resto del equipo pudiera expresar sus inquietudes y problemas. Fue entonces cuando salió a la luz un tema que hasta entonces desconocía: antes de su llegada, se habían formado dos subgrupos dentro del equipo debido a diferencias relacionadas con la orientación sexual. A pesar de los esfuerzos de Elena por fomentar la unidad, la situación no se resolvió como esperaba. Sin embargo, este desafío le dejó una enseñanza crucial: no se puede encasillar a las personas en compartimentos estancos ya que cada individuo tiene una perspectiva única que debe ser respetada y comprendida.

En otro momento de su carrera, Elena vivió una experiencia aún más desafiante en Londres, cuando trabajaba bajo la supervisión de un jefe italiano de modales y actitudes arcaicas. Este superior realizaba comentarios inapropiados sobre varios miembros del equipo, cuestionando su inteligencia, orientación sexual y color de piel. Lo más grave era que estos comentarios eran aceptados, e incluso algunos miembros más jóvenes del equipo se reían de ellos. Elena, al negarse a involucrarse en ese tipo de conversaciones, terminó protagonizando una discusión acalorada con su jefe. Durante ese enfrentamiento, ella intentó explicarle que las costumbres laborales habían cambiado y que no era aceptable seguir tolerando chistes groseros o comentarios sexistas y racistas. A pesar de su intervención, la situación no mejoró hasta que su jefe fue despedido.

Tras reflexionar sobre estas experiencias, Elena considera que la diversidad, equidad e inclusión (DE&I) en las empresas españolas es un tema de creciente importancia, pero aún no urgente para muchas organizaciones. Para ella, la clave está en integrar la diversidad e inclusión en la misión y visión de las empresas, crear métricas claras para evaluar los avances y designar a una persona encargada de garantizar su cumplimiento. Elena concluye que la verdadera transformación solo será posible si las empresas no solo promueven la diversidad, sino que también crean espacios seguros donde todos se sientan respetados, valorados y capaces de contribuir sin temor a ser discriminados o excluidos. La inclusión no debe ser una meta a corto plazo, sino un compromiso continuo que forme parte de la cultura organizacional.

Puedes ver la entrevista completa en el siguiente enlace:

https://media.uc3m.es/video/6638c88a9ab8c922f757ec84